jueves, 20 de agosto de 2009

Aventuras de Serenata 1/4

Ir de serenata es una costumbre que parece haberse perdido en algunas partes de nuestro país, la palabra nos evoca las escenas donde Pedro Infante montado en su caballo toca la guitarra con una voz que enamora hasta la mas fría de las mujeres; yo sin embargo no tengo ni un caballo, no toco la guitarra y mi voz no me permite ni siquiera participar en la primera ronda de la Academia, sin embargo esto no me ha impedido ir de serenata.


Mientras escuchaba los disparos que se escuchaban detrás de mis compañeros que corrían a mis espaldas, daba gracias por nunca haber aprendido a tocar una guitarra ya que en ese momento era lo que me tenia a la cabeza de esa carrera, temiendo por mi vida y la de los demás, corría agachado como en alguna película de guerra, buscaba desesperadamente en mi chamarra las llaves de la camioneta mientras pensaba en como iba a escapar mientras evitaba ser asesinado, imaginen al que cargaba el tololoche corriendo por su vida sin soltar el instrumento. Nuestras vidas estaban en peligro por un idiota que se había enamorado de la chica equivocada; no salimos esa noche para tocar por mera diversión sino por motivos del corazón (o de las hormonas que a esa edad nos dominaban). Precisamente ese día se nos tenia que pegar un imbécil que ingenuamente pensaba que aquella hermosa chica estaba soltera tan solo por no conocerlo a el, en esa noche descubrimos a su psicótico hermano y a su perro asesino que eran la razón de que ella no tuviera novio, ¿Olvide mencionar al perro? era el mismísimo retrato de Cujo con los ojos del demonio y unos dientes que ansiaban nuestra joven carne, al ver la camioneta los latidos de mi corazón podían escucharse a una cuadra pero eso no me impidió entrar al vehículo y encenderlo con rapidez, mis compañeros entraron a la camioneta y pise el acelerador a fondo, ¡¿Cuantos tiros?! Pregunto uno de mis amigos y de inmediato contesto una voz en el fondo: Fueron seis; puse las luces altas y embestí contra el psicótico “cuñado” que nos amenazaba, Con la confianza de que no tuviera más balas puse rumbo directo al que apenas unos segundos antes nos disparaba, no lo atropelle por que se quito a tiempo del camino mientras escapábamos a toda velocidad. Marco nos preguntaba si todos estábamos bien, me sentía completo y solo me dolían los músculos por tanto correr, estábamos de una pieza y nuestra aventura parecía haber terminado sin nada que lamentar, -¿Chucho? ¿Dónde esta chucho?-, prendo la luz y volteo buscando a nuestro amigo, estaban todos menos el, -¿No me chinguen con que lo dejamos haya atrás?-, durante la confusión habíamos olvidado a uno de nosotros después de haber intentado arrollar al psicópata que nos quería matar, lejos de su casa, solo, con el tololoche a cuestas y un perro endemoniado que nos quería como alimento, en ese instante me lo imaginaba en tan terrible predicamento mientras golpeaba suavemente mi frente contra el volante, esto no se veía para nada bien.


Continuara...

No hay comentarios:

Publicar un comentario