sábado, 1 de agosto de 2009

Recuerdos Húmedos 5/7

Al momento de escuchar la puerta sabia que la decisión que había tomado no era la correcta, era demasiado tarde para correr de nuevo hacia el cuarto, – ¿Qué hago ahora? – ya estaba libre de mi tormento físico y era el momento de salvar mi cordura (y mi pudor). Trate de adivinar quién era la persona que había entrado al departamento, hasta ese momento existían 3 posibilidades y solo una podía ser mi salvación, no escuchaba nada que no fueran pasos y sin embargo esos pasos se acercaban a mi puerta mientras el corazón me latía en la garganta, como si de un instinto se tratase rápidamente puse el seguro de la puerta y casi al momento una mano intento abrirla, la perilla tembló dos veces más haciendo notar la desesperación del extraño que del otro lado de la puerta tocaba: ¡Tock, Tock, Tock! ­– ¿Vas a tardarte mucho? – dijo una voz femenina y ahora sabía en qué escenario me encontraba, con la mente un tanto más tranquila gemí una respuesta aguda negativa, acto seguido solo escuche la frustración y su marcha hacia la habitación acompañada del sonido de una puerta cerrada con furia. Tengo que salir inmediatamente pensé, salí discretamente rumbo a la habitación donde había amanecido con la esperanza de no ser visto en el camino y darle una feliz conclusión a todo este penoso episodio.
Y así habría sido de no haber olvidado quitar el seguro de la puerta cuando abandone el cuarto, ese error me ponía en un nuevo predicamento ya que para la persona que deseaba ocupar el baño era obvio que alguien había abandonado ese cuarto, era cuestión de instantes para que saliera y me encontrara como mi madre me había traído a este mundo, hice lo más estúpido que hasta el momento se me había ocurrido y fue correr hacía la cocina del departamento casi en el mismo instante en que la puerta de su cuarto se estaba abriendo, no sabía si me habían visto pero para ese momento ya me habría dado cuenta, tal vez corrí con suerte una vez más. Desnudo, agitado y con el temor de ser descubierto en el lugar donde se preparan los alimentos mis opciones eran pocas y solo pude urdir un plan desesperado, abrir la puerta del cuarto con un cuchillo tal como lo había hecho antes en mi casa cuando me había enfrentado a una situación similar (tener la puerta cerrada por dentro), ahora mientras la inquilina estaba en el baño un hombre desnudo se dirigía con un cuchillo cebollero en la mano, de haberme visto tal vez hubiese llamado a la policía ya que me veía como un asesino pervertido en lugar de verme como un hombre desesperado.
Los nervios me traicionaban y la puerta se negaba a ceder, la única puerta abierta era la de la mujer que ahora ocupaba el baño, para mi desgracia el sonido del escusado me informaba que el tiempo se me había acabado. ¿Qué habría hecho usted de encontrarse en ese mismo predicamento?, yo solamente pensé en esconderme en el único cuarto que estaba abierto, ahora era un hombre desnudo, con un cuchillo debajo de la cama de una desconocida rogando a todos los dioses del universo que no me encontrara. Respirar podría ser la causa que delatara mi presencia, sin embargo ella prendió la radio o la televisión, en verdad no lo sé con seguridad porque los nervios me impedían averiguarlo, al momento que vi caer la ropa al suelo mi mente empezó a imaginar lo peor, ella se estaba desnudando y esto iba a parecer una escena sacada de una película de terror. El sudor frio corría por todo mi cuerpo mientras todo parecía suceder más y más lento, el golpe contra el rostro de unas pantaletas casi me hace gritar del susto, ahora sabía con certeza que ella se encontraba sin ropa alguna, si me descubre en este momento es seguro que pasaré de 5 a 10 años en alguna prisión por el pecado de mi estupidez. No encontraba salida de esta horrible situación, solo esperaba no ser descubierto y que todo este episodio fuera solamente una pesadilla de la cual me despertaría en cualquier momento. Escuche la puerta del cuarto abrirse y cerrarse, después de un momento el sonido de la ducha acompañada por la música era lo único que podía escucharse, sabía entonces que una nueva oportunidad de salvarme estaba presente y era el momento de tomar una decisión, –¿Y ahora qué hago? –.

No hay comentarios:

Publicar un comentario