sábado, 1 de agosto de 2009

Recuerdos Húmedos 1/7

Hace ya tiempo decidí escribir mis aventuras ya que si yo no las cuento, nadie más lo hará y será como si éstas jamás hubieran sucedido y en esta ocasión empezaré por narrar la vez que me encontraba atrapado en el cuarto de una señorita muriendo por la tortura de mi vejiga desde hacia ya buen rato, en un lugar donde se supone no debería estar con una necesidad que no podía esperar… y ¿por qué no sales y entras al baño? –Pensaría cualquiera que me viera–, el problema es que no tenía nada puesto y además la casa estaba llena de las compañeras de mi anfitriona quienes no solo ignoraban mi presencia sino que tenían prohibido tener hombres dentro del departamento, no creía que mi suerte fuera tanta como para que ignorasen a un hombre desnudo correr hacia el baño, eso no sucedería.

-¿Cómo me metí en este lio?- me pregunté y ahora maldecía mi suerte, maldecía el agua que había tomado y sobre todo me preguntaba dónde estaba ella y por qué me dejó dormido sin mi ropa, era el momento de los por qués mientras la tortura se hacía mayor, -¿Dónde, dónde, dónde?- miraba para todas partes esperando que saliera un baño de la nada y de pronto saltaron 3 opciones posibles, un florero chiquitito, el bote de basura o la ventana, ¡¡Merga, ¿Qué hago?!! (dije en voz baja) el dolor se agudiza, la desesperación era mayor cada segundo: el florero está muy chiquito -pensé-, el bote de basura estaba hecho de paja y no pensé que fuera a resistir la
descarga ya solo quedaba una opción ¡¡la ventana!!, estoy en el cuarto piso de un edificio así que me asomo discretamente y veo a una señora lavando en el piso de arriba
después a un chavo fumando un cigarrillo enfrente mi ventana y a una niña con un globo dos pisos más abajo, ese podría ser mi público vecinos que no imaginaban que en unos segundos verían a un hombre desnudo hacer lo que ya no podía aguantar más y eso hacía más difícil mi decisión, abajo estaba un perro negro que me miraba con cara de pocos amigos bastó verme el rostro para gruñirme enseñando los colmillos, todo estaba listo para dar un espectáculo que sería la comidilla del edificio y tal vez peor si me ve la niña me pueden acusar de corrupción de menores no contando que además estaría cometiendo faltas a la moral ¡¡Noooo!! Tiene que haber otra solución, ¡¿piensa maldita sea?!, el dolor se hacía más agudo a cada segundo, -¡¡Una liga!!- una solución desesperada, peligrosa y temporal, justo lo que necesitaba en ese momento,
Ahora donde guardara las ligas esta niña, revisé rápidamente en busca de una liga esperando que saliera una agitando ferozmente los brazos y gritando –¡Aquí estoy!-, pero nada… solo sentía el dolor, un dolor tan insoportable que la opción de salir corriendo desnudo hacia el baño era cada vez más tentadora, mientras tanto mi búsqueda por una liga en un cuarto desconocido, desnudo y dolorido no iba por buen rumbo, de pronto me asalto la idea de que tal vez ella no tuviera ninguna liga, y por un segundo esta idea me hizo sentir como si no tuviera ya opciones.

Repentinamente veo una bolsa de ligas negras en el cajón del buró ¡¡¡A huevo!!! dije en voz no tan baja, así que saco una liga y noto que es más pequeña que mi dedo meñique y me afronto a la espantosa realidad esta liga no sirve para lo que la necesito, el cuarto da vueltas, el dolor toma un tinte más obscuro y se une a él una punzada en la parte baja de mi espalda, sentía que de un momento a otro tomaría una decisión precipitada: La ventana o el baño al fondo de los cuartos, la lluvia dorada o la carrera, ¿Qué hago?, ¡¿Qué hago?!, ¡¡¿Qué chingados hago?!!, juro que si fuera un niño me pondría a llorar, lo cual me recordó cuando estuve en una situación similar hacia ya bastantes años atrás.

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