Cuarenta y ocho pares de ojos me observaron como si hubiese cometido un crimen por el cual todos tendrían que pagar las consecuencias, había pasado de ser una víctima a ser el más grande criminal que nuestras cortas vidas habían conocido. Me engañe a mi mismo rumbo a mi lugar pensando –No se va a dar cuenta– y eso mismo repetí en voz alta para calmar a mis compañeros, pero mi vecino de banca me susurro – ¡Se va a dar cuenta por el olor! – esa frase hizo que la sangre se me fuera a los pies y de pronto me imaginaba la escena en la cual mi plan maestro fracasaba; siendo un pequeño de apenas 8 años no podía enfrentar a la mujer que llegaría en cualquier momento, mi única opción para llegar a ser un adulto era encontrar una solución que me permitiera vivir un día más. Respire profundo, me puse de pie y fui a corriendo a la parte de atrás donde se encontraba el material de limpieza con el que se hacíamos el aseo del salón; al finalizar las clases aquellos que se habían portado “mal” se encargaban de hacer el trabajo del conserje como un castigo no solo físico sino psicológico, ya que nuestra profesora insultaba aquellos desafortunados que tenían que realizar dicho trabajo, les decía en tono burlón – “¿Esto les gusta verdad niñas?, les gusta sentirse mujercitas barriendo y trapeando”– mientras los pobres que sufrían del martirio usaban mandiles improvisados con sus uniformes de escuela, parte del castigo impuesto por nuestra maestra de segundo, todo parecía indicar que ella tenía un talento excepcional para hacer llorar niños de 8 años.
Movía ferozmente todo y cada vez hacía más ruido, si de todas formas me iban a regañar ya no sería peor hacer ruido o revolver las cosas del armario, y fue en ese preciso instante en el que me di cuenta de que ya nada tenía que perder, el castigo sería el mismo o por lo menos no podría ser peor, y finalmente ¿A que le temía tanto? No podía pegarme más fuerte de lo que imaginaba iba hacerlo, ya no podría humillarme más de lo que haría si en ese mismo instante se enterase de mi fechoría; justo estaba en ese pensamiento cuando encontré el envase de cloro que estaba buscando, tome rápidamente el bote blanco para trapear el piso, una bolsa negra y el cloro que tanto había buscado.

Mi plan era sencillo pero si lo realizaba al pie de la letra yo podría sobrevivir para contarlo, fui al escritorio y vacié el contenido del bote de basura al bote blanco de la limpieza, después puse cloro donde pude para eliminar el olor que me echaría de cabeza y reemplace la bolsa sucia con una nueva, mi plan estaba casi consumado y el tiempo se me escurría de las manos, ahora tenía dos problemas: el liquido delator aún estaba en el bote blanco y la bolsa que había ensuciado seguía siendo una evidencia, pero las ideas me habían abandonado y en cualquier momento llegaría el ogro del cuento para asesinarme, mi corazón late sin control y recuerdo a todos testigos verme incrédulos de lo mucho que había empeorado la situación, un escalofrío recorrió mi cuello y el instinto de supervivencia me hizo ocultar las evidencias, tome el bote y lo puse en su lugar dejando la bolsa dentro del mismo, guardé el cloro apresuradamente sin poder recordar donde estaba originalmente. Una vez sentado en el pupitre pensé que tal vez había cometido el crimen perfecto, que lo ocurrido aquel día sería un secreto que nos llevaríamos todos a la tumba, no me preocupaba que me delatasen, ya que la maestra castigaría a los dos por igual uno por criminal y al otro por delatarme. El silencio se había reanudado, al parecer todos esperaban (al igual que yo) que el plan funcionará, en estos pensamientos estábamos cuando el origen de todos nuestros temores atravesaba la puerta y casi se podía escuchar el sonido de nuestras almas abandonando nuestros cuerpos.
Solo restaban cinco segundos para que ella ocupara su lugar, solo faltaba que algún olor, la puerta del armario, nuestra culpa escrita en la cara o dios sabe que otro detalle nos delatara, cualquier cosa insignificante podía despertar sus sospechas sobre lo que en su ausencia había sucedido. Tomo su libreta, hizo unas marcas en ella, se detuvo y de pronto levanto la mirada hacía donde yo me encontraba. Mi corazón se detuvo por un instante.
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